
🔴 Acorde a las fuentes oficiales de la etimología, la expresión «noche de San Juan» proviene de la cristianización de antiguos ritos paganos. El término «San Juan» alude a San Juan Bautista, cuya festividad celebra la Iglesia Católica el 24 de junio.
– La etimología y origen de sus elementos clave son:
San Juan: Su nombre proviene del hebreo Yôḥānān (יוחנן), que se traduce como «Yahveh es misericordioso» o «el favor de Dios».
– El origen pagano: El nombre religioso es una adaptación de las antiguas celebraciones del solsticio de verano (la noche más corta del año). Culturas antiguas y romanas encendían hogueras para dar fuerza al Sol y alejar los malos espíritus.
– El relato cristiano: El cristianismo fusionó esta tradición del fuego con el nacimiento de San Juan Bautista. Según la Biblia, su padre, Zacarías, mandó encender una gran hoguera para anunciar a todos el nacimiento de su hijo.
🟢 Hay otra propuesta etimológica que aunque no haya sido explorada por el academicismo oficial, no por ello es carente de valor, sentido y rigor.
De acuerdo al origen pagano de la celebración y cooptación por el cristianismo de este ritual, sabemos que desde la noche de los tiempos en San Juan se hacen grandes hogueras en todos los pueblos de España (también en otros países)
¿Sabemos qué es «Juan» o de dónde viene?
Nuestro compañero Jabier Goitia nos da una sugerencia e interpretación desde la lengua vasca, pensemos en ella.»Su-an», su+handia. A menudo vemos que los fonemas S/X se convierten en J (Ximeno-Jimeno, Xabier-Javier, México-Méjico, etc…)
«Sua»~fuego. «An» ~ Grande
Xuan/Juan. San Juan. El fuego grande. El gran fuego (de celebración)
Nota añadida:
Hay que tener en cuenta que la tradición de encender hogueras en la noche de San Juan no solamente tiene lugar en España y Portugal, también se celebra en muchas otras geografías como Irlanda (St John’s Eve), Noruega (Jonsok) Suecia (Johannesnatt)¹, Finlandia (Juhannus) y Dinamarca (Sankt Hans)…
Estudios genéticos e históricos han documentado la siguiente información respaldada por la ciencia y publicada en revistas revisadas por pares. Un fenómeno por el cual estos países anteriormente mencionados (entre otros) fueron repoblados desde la península ibérica la cual actuó como búnker climático hace 19.000//25.000 años aproximadamente en el Paleolítico Superior a través de esa «plataforma de lanzamiento» conocida como refugio franco-cantabrico después de la última glaciación.
Parece ser que hay tradiciones comunes que nos unen y nos vienen dadas desde muy lejos. Una vez más por medio de la lengua vasca podemos abrir una ventana hacia el pasado.
Juzguen ustedes y extraigan sus propias conclusiones.

NOCHE DE SAN JUAN. UN ARTÍCULO DE JAVIER GOITIA BLANCO
Se acerca el final de junio y los días que no han dejado de aumentar su luz desde navidades, están próximos a dejar de crecer y a comenzar -levemente- a acortar su duración un año más.
Desde Noruega a Argelia y desde Portugal al centro de la Rusia Blanca, en cientos de pueblos , grupos de gentes reniegan por unos días de las calles bulliciosas, de los centros comerciales exageradamente iluminados de mirar continuamente los teléfonos y las pantallas de televisión y se van a campas, playas o rincones de la ciudad menos iluminados y se concentran -pacientes- en torno a una pira improvisada con ramas secas, cartones, palets, y otros despojos combustibles, esperando a que surja de entre la gente un líder que diciendo unas palabras, prenda fuego a la hoguera “por donde da el aire” y dé permiso a los niños para que hagan lo mismo en todo el contorno. El grito que yo recuerdo era ¡Viva San Juan alegre!

Es un recuerdo de una España en la que no se podían gritar otras consignas ni invocar a la Libertad y enseguida las llamas devoraban el exterior de aquella montaña efímera y se dejaban de ver las estrellas y de oír los ¡Ohhh! de admiración porque el fuego y su crepitar se hacían dueños por unos minutos de la luz y el sonido.
Los niños corrían, los jóvenes se preparaban para bailar y los mayores con sus caras rojas por la nueva luz y el calor, se abrazaban mientras se deseaban un buen verano.
Para los niños de entonces el fuego era algo cotidiano; aún no había llegado el butano y en cada casa se encendía la cocina al amanecer, quebrando unas astillas, los aldeanos quemaban las zarzas secas cortadas días antes, los carpinteros hervían la cola en pequeños fuegos en plena calle, las abuelas tostaban el café en unos graciosos hornillos en corros de seis o siete… y la furia de los cohetes al salir de la mano del municipal era fuego en mil lágrimas ardientes que a todos nos había quemado alguna vez, pero el fuego de San Juan era distinto, era nuestro y esa noche los niños teníamos derecho a estar en la calle hasta que las últimas ascuas dejaran de humear.
San Juan Bautista y su cabeza sobre una bandeja era la imagen reina del día siguiente: Salomé celosa pidió a Herodes ese regalo y los niños lo relacionábamos todo sin saber muy bien porqué. Día de romería y rosquillas, el día de San Juan amanecía siempre con cientos de rescoldos humeantes y con algunos amores nuevos que se habían fraguado al calor de las hogueras; pero, ¿qué tiene que ver San Juan con las hogueras?

Hay varias y sugerentes propuestas, pero ninguna convence completamente.
Rebuscando en bibliografía se constata que para el siglo V ya se relacionaban los fuegos del verano con el santo decapitado y la lógica dice que la expansión de la iglesia católica se hizo con la efeméride del fuego porque había algo en aquellos fuegos ancestrales del día del solsticio, que recordaba al santo bautista.
Si el fuego de esta noche era atávico y coinciden los antropólogos en plantear que era como un homenaje al sol para que siguiera arriba, no amenazara con diluirse en la noche; si los pueblos primitivos usaban el fuego tanto como las pieles, las piedras, la cera o las bolitas de ámbar, ¿Qué llevó a aquellos fuegos mayores a relacionar ese fuego especial (que no era para calentarse ni para asar despojos) con el hijo de Santa Isabel?
Esta mañana, recordando que los gallegos y portugueses dicen “Xoán y Joâo, que suena “ʤoan, ʤoao”, los catalanes Juan, que suena “ʤuan” y apenas los castellanos conservan la jota, he vuelto al “su”, fuego del euskera y a la raíz “an” precursora del “handi” actual, grande, para concluir que “su an” fue sinónimo del fuego grande, fuego con intención de ser visto, fuego que huyendo de la discreción de los fuegos de cada día, trataba de decir a otros grupos -quizás lejanos- que aquí estábamos alargando el día con un gran fuego que no era funcional sino mágico, que avisaba a los espíritus de que los humanos ya disponíamos de alternativa al sol.
La Iglesia, algunas como la anglicana, pero no la católica ni la luterana, prohibieron en algún momento estas fiestas paganas, pero no pudieron contra la corriente patrimonial y he aquí, sociedades casi ateas celebrando la memoria de San Juan sin saber que a veces los equívocos duran más que las realidades:
Su an, gran fuego.
El de mi barrio se prepara muy pobre, estaremos cediendo al olvido una epopeya de docenas de miles de años?.